Me resulta muy curioso descubrir en algunos de mis clientes como viven la culpa en su vida. Unas veces sintiéndose ellos culpables y otras muchas, justificando el momento en el que se encuentran de su vida, echando la culpa a los demás desde un sistema emocional reactivo.

Cuando ellos dicen tener la culpa de algo, esa sensación de culpa es la que les lleva al inamovilismo, a la autodecepción y a, sin darse cuenta, retroalimentar su culpa.

Otras veces, cuando dicen que la culpa es de otros, su posición es de víctimas, de no poder hacer nada y de inamovilismo también, hasta que el culpable no ponga remedio, yo no puedo hacer nada, comentan.

Aquí es donde me gusta hablarles de la palabra responsabilidad, responsabilidad frente a culpa. ¡Qué diferentes son las situaciones cuando las reencuadramos desde la responsabilidad!. La responsabilidad nos permite movernos, actuar, y lo que es más importante, generar las emociones que nos mueven a cambiar aquello que no está bien. Las responsabilidad nos permite mirar a futuro, e identificar y generar los cambios necesarios que nos conduzcan a alcanzar aquello que queremos, desde un sistema emocional proactivo.

La culpa nos lleva al pasado, nos ancla a él, y nos separa de nuestro objetivo, de hecho muchas veces no nos permite tener un objetivo.

Piensa por un momento de cuantas situaciones de tu vida te has sentido culpable y qué emoción te genera cuando piensas en ellas. Ahora vuelve a pensar en ellas desde la responsabilidad de poder elegir qué hacer con ellas, que está en tu mano para poder gestionarlas, o, si eso ya no es factible, ¿cómo eliges traerlas a tu presente?

Uno se siente libre cuando elige, y para elegir es necesario tener opciones. Las opciones aparecen cuando uno mismo elimina la culpa y busca desde la responsabilidad.

DE TU RESPONSABILIDAD VA A DEPENDER TU LIBERTAD